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Ávila en Llamas

Si nos acostumbramos a los incendios terminaremos como Haití

El punto de ignición de la materia vegetal que predomina en nuestro país está por encima de los 250° C. Por más calor que haga, los incendios espontáneos en Venezuela son un mito. Eso sólo aplica para lugares con vegetación resinosa.

Aquí los incendios ocurren porque se rebaja el monte con candela, porque se quema basura, porque se botan colillas o porque a alguien le provocó. Dejemos atrás la mentira de “es que la sequía está fuerte” y hablemos claro: Son responsabilidad penal de alguien con nombre y apellido.

Es como si estuviéramos empeñados en convertirnos en Haití, pero aún más estúpidamente, porque al menos los haitianos “aprovecharon” los árboles que cortaron. Nosotros los dejamos que se quemen y ya.

Hoy El Ávila sufre la peor quema en décadas, que llega a lugares que nunca antes habían sido alcanzados, mientras el presidente “preside” un juego de baseball en el Fuerte Tiuna (en la noche, por cierto, con las luces bien prendidas). Le cambia el nombre y no le para más, al parecer.

El ministro del ambiente no aparece, no habla, no existe.

Si aquella Misión Árbol que se lanzó con bombos y platillos hace unos años no hubiera sido un guiso más, mañana mismo se podría comenzar a reforestar. Pero esa misión se perdió en uno de tantos enroques de ministros.

Está claro: El pueblo venezolano es amante de la candela. ¿Cómo evitar entonces incendios? Es tan fácil que me parece escandaloso tener que decirlo:

1) Educación ambiental (pero seria, no un par de propagandas en VTV)

2) Investigación forense que termine en la aplicación de la ley penal del ambiente a los responsables

3) Inversión e Infraestructura para combatir incendios forestales

4) Planes de reforestación masivos

Estos cuatro puntos son responsabilidad del ministerio del Ambiente, por lo que yo le solicitaría la renuncia al ministro.

Mientras seguimos esperando esa guerra espectacular para la cual compramos cantidades de aviones y armas, los bomberos tienen que apagar el incendio con tobito y leche que le donan los vecinos de Los Chorros.

Por cierto, En Aragua y Carabobo, la situación pasa por debajo de la mesa porque bueno, allá no hay más nada que quemar. Hace 30 años el trayecto entre Caracas y Maracay era a través de selvas. Hoy son colinas cubiertas de pasto, muy suizas ellas, pero que no tienen ni el 5% de la riqueza ecológica de antes.

Lloverá, eventualmente, y el Ávila reverdecerá. Pero seguramente reverdecerá con gamelote y capín melao, dos pastos invasores que excluyen a la vegetación arbórea original y no dan sustento a la fauna del valle. El mismo proceso de sabanización que se ve en todo el resto del país.

Ávila en llamas

Yo no tengo cómo expresar la tristeza que me causa ver el Ávila en llamas, ni es mi interés en este momento. Sólo me gustaría que esta imagen infernal se la lleven grabada y que les dure durante la temporada de lluvias, como recordatorio de que nunca estará nuestro cerro a salvo mientras tenga este desastre de pueblo y gobierno a sus faldas. Hay que cambiar.

Carlos Pelaez (@capelaez)

http://www.codigovenezuela.com/2010/03/avila-en-llamas/

http://www.codigovenezuela.com/category/libre/carlos-pelaez

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