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Voluntarios en vías de extinción

Hace más de diez años que no reciben equipos o recursos de ningún tipo

Iglesias, a la derecha, sacrifica, junto con sus compañeros, un fin de semana de cada dos para salvar al Ávila de incendios forestales. Pero como ellos, cada vez tiene menos estímulos para una labor casi quijotesca (Kisaí Mendoza)

CARACAS, lunes 12 de abril, 2010 – Javier Brassesco (jbrassesco@eluniversal.com) (EL UNIVERSAL).

Ni equipos ni dinero y a veces ni siquiera las gracias: a los voluntarios nadie les da nada por los favores recibidos. Sin reconocimiento p´ublico, sin fondos, sin sede propia y con equipos que compraron de su bolsillo, siguen apagando incendios, socorriendo a los necesitados, buscando a los perdidos.

Y mientras el resto de la ciudad está viendo televisión, ellos hacen, totalmente gratis, guardias de fin de semana en alguna estación contra incendios.

José Manuel Iglesias, coordinador del Grupo de Rescate 88 Caracas, dice que para un bombero voluntario no hay mejor pago que el que otorga la misión cumplida.

Por desgracia, no hay mucha gente que tenga su espíritu de sacrificio y esté dispuesta a salir de su trabajo para ir a la estación de Pajaritos y ayudar en lo que sea menester, o pasar un fin de semana apagando un incendio en el Ávila en vez de estar en la playa con la familia.

Su grupo, que en algún momento pasó de los cuarenta miembros, hoy tiene sólo 16 activos, todos dispuestos a afrontar un gasto en equipos que nadie les cubre y un tiempo que sólo es recompensado por esa “satisfacción personal” de la que habla Iglesias y que tal vez no sea tan fácil de entender para el resto de los mortales.

Hace más de diez años, era más fácil ser voluntario porque la zona I del Ministerio de Ambiente les daba equipos de bombeo y de rescate y los grupos tenían asignada una partida presupuestaria. Hoy el grupo 88 Caracas, con 35 años de existencia, ni siquiera tiene una sede.

Cuenta Iglesias que tuvieron una en Puerta de Caracas pero se la tuvieron que dar a la Guardia Nacional. Pasaron entonces a un anexo en Chacaíto que prestaron al guardaparques mientras su casa era remodelada. Al final se rehízo esa casa pero la sede del grupo la demolieron. Ahora, cada quince días, todos ellos hacen guardias en la estación de Pajaritos.

“Antes uno se sentía más obligado, hasta teníamos una partida y al final de mes entregábamos una relación de gastos. Hoy… mira, esto tiene que gustarte demasiado, no hay ningún tipo de motivación por parte del Estado. Y no entiendo por qué: no costamos nada y le ahorramos un dineral”, dice Iglesias.

El placer de cumplir
Entre las cosas positivas de ser voluntario, rescata el sentimiento de fraternidad que hay entre los distintos grupos: cuando se presenta una situación que requiere la presencia de varias organizaciones los voluntarios siempre trabajan coordinadamente, sin competencias, como una gran familia.

Y también ha tenido experiencias muy gratificantes: hace casi veinte años participó en la búsqueda de cuatro excursionistas (los Ceballos) que estuvieron cinco días perdidos en el Ávila. Los años siguientes, en la fecha que se celebraba el aniversario del rescate, esas personas visitaron religiosamente al grupo de Rescate 88 Caracas hasta que se quedó sin sede.

Cuando el deslave de Vargas, Iglesias estuvo casi un mes durmiendo menos de tres horas diarias, pero al final sintió una plenitud cuyo origen conoce muy bien y que le hizo recordar por qué se hizo voluntario.

Y también están los pequeños milagros: Protección Civil Miranda hizo recientemente unas donaciones que le hicieron recordar que alguien se acuerda de ellos. “Claro, lo que pasa es Víctor Lira (quien dirige ese organismo) viene de grupos voluntarios y conoce bien esta lucha solitaria”, dice Ricardo Kurz, integrante del grupo 88.

Los incendios más voraces
Aunque se dedican a labores de rescate y búsqueda a nivel nacional, este año la labor de los voluntarios ha tenido que ver casi que exclusivamente con la extinción de incendios.

Iglesias cuenta que una cosa le extraña en el comportamiento del fuego esta temporada: “Cuando las llamas llegan a la vegetación alta, normalmente se detienen. Este año las he visto seguir por encima del bosque como si fuera gamelote”.

Y a veces le ha pasado que ha tenido que ir de un incendio al otro. El domingo 21 de marzo estaba combatiendo el fuego en el parque nacional Laguna de Tacarigua y tuvo que venirse a luchar contra otro en el estribo de Duarte, en el Ávila.

Al Ávila que está entre Puerta de Caracas y la Metropolitana lo llama “la vitrina”, porque es lo que la gente ve cuando de incendios se trata. Pero ha habido otros mucho peores a los que casi no se presta atención: “En Curupao, Guarenas, el Ávila tiene un mes ardiendo, y en la reserva de Uverito (sureste del país) se han quemado 25 mil hectáreas, 16 millones de árboles, y la noticia apenas aparece en prensa”.

Esos incendios devastadores y poco conocidos recuerdan la labor, tan importante como poco reconocida, que en materia de guardería ambiental realizan los grupos voluntarios.
http://www.eluniversal.com/2010/04/12/ccs_art_voluntarios-en-vias_1838322.shtml

Costosa tarea

Equipar a un voluntario puede costar alrededor de 8 mil bolívares, repartidos de esta forma (con los precios más bajos del mercado):

Vestimenta: Botas (BsF. 200), pantalón (200), chaquetón (150), guantes (200), gorra (20).

Equipo: Casco de kevlar antigolpes (1.500), linterna que encima (700), arnés (entre 2.000 y 2.500), cuatro mosquetones (800), 1 descendedor de rescate (600), camel back (250), radio (usado cuesta poco más de 1.000).

Otros: Hay que tomar en cuenta las herramientas para combatir el fuego como batidores, linieros (machetes), rastrillos forestales, pulaskis (hacha-pico).

Quienes quieran colaborar (empresas y particulares) pueden comunicarse con el grupo a través de sert88caracas@gmail.com e igleiasjm72@hotmail.com.
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  1. Nereida
    18/04/2010 en 1:19 PM

    Es cierto, el trabajo voluntario difícilmente es reconocido, aunque genere buenos resultados para todo el mundo.
    Esperemos que los entes públicos y privados con la capacidad de atosigarnos hasta lo insoportable de propaganda sobre sus gestiones, productos y servicios le cedan un espacio en su publicidad a las organizaciones y el voluntariado para dar a conocer la labor de estos grupos y sus resultados ganados a pulso.
    Gracias
    Nereida Guerra.

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